Cien compuestos antes de salir de casa

Lo que la ciencia nos muestra sobre la exposición química doméstica

Son las siete de la mañana. Te levantas, abres la llave de la regadera y usas jabón, shampoo y acondicionador. Te secas con una toalla que se lavó con detergente y suavizante. Te pones crema, desodorante y perfume. Enseguida, te lavas los dientes y te vistes con ropa que conserva residuos del último lavado. Luego, bajas a la cocina, limpias la barra con un desinfectante en aerosol, preparas el desayuno en una sartén antiadherente y guardas lo que sobró en un recipiente de plástico.

Con esta rutina, antes de las ocho de la mañana y antes de salir de casa, ya entraste en contacto con más de cien compuestos químicos distintos.

No escribo esto para asustarte. Lo escribo porque he dedicado mi carrera a estudiar cómo se mueven los contaminantes en el ambiente —en suelos, en agua, en polvo— y porque tardé mucho en aceptar algo incómodo: el espacio que más analizamos con instrumentos de precisión es el exterior, y el espacio donde pasamos la mayor parte de nuestra vida es el que menos volteamos a ver.

El lugar más íntimo es también el menos vigilado

Cuando hablamos de contaminación, casi siempre pensamos en lugares fuera de nuestro hogar. Pensamos en la fábricas, el tráfico, el río, etc. Pero los estudios muestran que dentro de una casa, el aire puede estar entre dos y cinco veces más contaminado que el de la calle¹. La razón no es misteriosa, simplemente una casa es un espacio cerrado donde se acumula todo lo que emitimos dentro de ella y donde la ventilación es casi siempre insuficiente.

Los productos de consumo cotidiano como limpiadores, aromatizantes, cosméticos y detergentes, liberan compuestos orgánicos volátiles de forma continua, no solamente mientras se usan. Un análisis de emisiones de productos de uso común encontró que muchos de estos liberan compuestos que no aparecen en la etiqueta, incluidos varios anunciados como verdes o naturales².

Y lo que no permanece en el aire termina depositándose en alguna superficie. En este sentido, el polvo doméstico funciona como un archivo ya que en él se acumulan, por ejemplo, retardantes de flama procedentes de los muebles, plastificantes de los pisos, residuos de pesticidas y compuestos perfluorados utilizados en tratamientos antimanchas³. Por lo tanto, no se trata simplemente de suciedad, sino del registro sedimentado de todo lo que circula en la casa.

Impacto de la exposición acumulada en relación al evento aislado

Aquí suele haber un malentendido que quiero deshacer con claridad, porque marca la diferencia entre informarse y alarmarse.

Ningún producto de tu casa te va a hacer daño por usarlo una vez. Ninguno. La toxicología clásica cita la famosa frase de Paracelso: “la dosis hace al veneno”. Sin embargo, la versión de la toxicología moderna indica que: “la dosis, la frecuencia, la duración y la etapa de la vida en que ocurre la exposición hacen al veneno”.

El problema de la exposición doméstica no es la intensidad, es la exposición continua a través del tiempo. Son esas dosis bajas, repetidas todos los días, durante años, en el espacio donde duermes, donde comes y donde tus hijos gatean. Algunas de esas sustancias no se eliminan con la misma velocidad con que entran. Otras actúan como disruptores endocrinos, lo que significa que su efecto no depende únicamente de cuánto entra, sino de cuándo entra⁴.

Eso no es motivo de pánico. Es motivo de atención, que es una cosa distinta y mucho más útil.

La buena noticia: la exposición actual es modificable y es medible

Esta es la parte que me llevó a escribir un libro en lugar de un artículo más.

Una revisión publicada en el Journal of Epidemiology and Community Health analizó la evidencia sobre exposición química en el hogar y llegó a una conclusión que cambia el panorama: una proporción sustancial de esa exposición proviene de decisiones domésticas y, por lo tanto, es reducible con acciones al alcance de cualquier persona⁵. No hace falta esperar a que cambie una ley ni mudarse de ciudad. Buena parte de la carga química de una casa entró por la puerta principal, en una bolsa del súper.

Lo segundo es que se puede medir. En investigación se emplean biomarcadores en sangre, orina o cabello para estimar la exposición real de una persona⁶. Eso es indispensable en ciencia, pero resulta inaccesible y desproporcionado para el uso cotidiano. Lo que sí se puede hacer en casa es evaluar las fuentes, ya sea identificando qué productos hay, con qué frecuencia se usan o estimando cuánto tiempo permanecen en contacto contigo. El resultado de esta evaluación te proporciona un número, un dato que da algo que una sensación no da nunca y que es la claridad de tener un punto de comparación.

Tu punto de partida

Todo lo que voy a escribir en este espacio parte de tres ideas generales: la exposición doméstica es real, es acumulativa y es modificable. Si aceptas esas tres cosas, lo demás es método.

El primer paso no es deshacerte de nada ni comprar nada, sino saber dónde estás hoy. Para eso desarrollé el Índice de Toxicidad Doméstica, un cuestionario de veinte reactivos que estima la carga química de tu hogar a partir de lo que ya tienes. Toma menos de cinco minutos, es gratuito y te devuelve un número con su interpretación.

Ese número no te va a juzgar. Te va a orientar.

15/09/26

Dra. Lupita de la Rosa. Método Terra.

Referencias

1. Roh, T., Moreno-Rangel, A., Baek, J., Obeng, A., Hasan, N. T., & Carrillo, G. (2021). Indoor Air Quality and Health Outcomes in Employees Working from Home during the COVID-19 Pandemic: A Pilot Study. Atmosphere, 12(12), 1665.

2. Steinemann, A. (2015). Volatile emissions from common consumer products. Air Quality, Atmosphere & Health, 8(3), 273.

3. Blanchard, et al. (2020). Evaluating the use of synchrotron X-ray spectroscopy in investigating brominated flame retardants in indoor dust. Environmental Science and Pollution Research. DOI: 10.1007/s11356-020-10623-4

4. Rudel, R. A., & Perovich, L. J. (2008). Endocrine disrupting chemicals in indoor and outdoor air. Atmospheric Environment, 43(1), 170.

5. Zota, A. R., Singla, V., Adamkiewicz, G., Mitro, S. D., & Dodson, R. E. (2017). Reducing chemical exposures at home: opportunities for action. Journal of Epidemiology & Community Health, 71(9), 937.

6. Vorkamp, K., et al. (2020). Biomarkers, matrices and analytical methods targeting human exposure to chemicals selected for a European human biomonitoring initiative. Environment International, 146, 106082.